martes, 31 de mayo de 2011

HISTORIA DE UNA ESCALERA. RESUMEN

La obra cuenta la convivencia diaria de cuatro familias que viven en una "modesta casa de vecindad" entre pobreza y humillaciones, enfrentamientos, a veces violentos, murmuraciones… durante treinta años.
El escenario muestra dos rellanos, en el segundo de los cuales (correspondiente al quinto piso) hay cuatro puertas. El primero, “el casinillo”, es lugar de intimidad entre los amigos o los novios.
DOMICILIOS
Puerta I: viven la señora Generosa con su marido, el señor Gregorio, y sus hijos, Carmina y Pepe.
Puerta II: don Manuel, hombre con una buena posición económica y su hija Elvira.
Puerta III: la señora Paca, con su marido el señor Juan, y sus hijos Urbano, Rosa y Trini.
Puerta IV: doña Asunción y su hijo Fernando.


PRIMER ACTO
Vemos a los vecinos pagando con dificultades el recibo de la luz, cada uno muestra su personalidad: Generosa paga con resignación, Paca protesta, insulta y paga; Asunción se disculpa y don Manuel, avisado por su hija Elvira, que ama a Fernando, le paga la factura. Pide a su padre que saque a Fernando de la papelería y que lo emplee en su agencia. Fernando, gandul y ambicioso, apenas acude al trabajo; él y su madre creen que el mundo de la papelería se le queda pequeño, aspira a ser delineante e ingeniero, lee, escribe poemas.
Fernando y Carmina están enamorados, Urbano quiere a Carmina.
Fernando y Urbano, aunque son amigos, tienen fuertes enfrentamientos ideológicos. Urbano cree en la unidad del sindicalismo, la mejora de sus condiciones de vida depende de la ayuda mutua, la solidaridad. Cree que su vecino es un soñador, incapaz de un gran esfuerzo individual, trabajar en faenas complementarias, trabajar hasta la madrugada… para enriquecer.
Fernando quiere subir solo, sin ayuda de nadie. Se retan para ver en diez años quién consiguió sacar adelante sus ilusiones.
Pepe ronda a Rosa que lo quiere. Urbano discute con su hermana y la madre llega a pegarle por ello. Doña Paca y Doña Generosa se conduelen de la mala suerte que tienen con sus hijos Rosa y Pepe
Este acto termina con la declaración de amor de Carmina y Fernando, quien promete a su novia trabajar, estudiar, ganar mucho dinero y casarse con ella. Se derrama el contenido de la lechera que ella subía a casa, como signo de malos augurios.


SEGUNDO ACTO
Pasaron diez años. La casa sigue sucia, pobre, sin timbre, sin limpiar los cristales del descansillo.
Generosa y Carmina lloran la muerte del esposo y padre, respectivamente, el señor Gregorio. El señor Juan reflexiona sobre la muerte, sufre por la situación de pobreza en que quedan las dos mujeres y piensa en Pepe, un desaprensivo.  
Fernando y Elvira ya están casados y tienen un bebé. Elvira viste pobremente (están arruinados), ha perdido toda la ilusión por su marido y le reprocha que no haya llegado a nada en la vida, que viviera de su padre, don Manuel, y se hubiera casado por dinero.
Pepe, ajeno al sufrimiento de la casa y la muerte de su padre, llega tras pasar la noche fuera, vive con Rosa, pero la hace profundamente desgraciada. Mientras Pepe piropea a Trini, Urbano se pelea con él hasta que Rosa, desconsolada, los separa; pero interviene en la pelea también el señor Juan, que habla con desprecio a su hija.
Ante la situación en que se quedan madre e hija, Urbano declara su amor a Carmina, quien acepta por agradecimiento.
Trini y su padre hablan de Rosa. El padre la considera una “golfa”, pero su hermana sabe que no se prostituye y que vive con Pepe por amor; a pesar de que él le pega y la humilla, Rosa no soporta la idea de que Pepe la abandone. El señor Juan entrega dinero para Rosa a Trini, quien debe dárselo sin que se sepa su procedencia. Conversan las hermanas y Trini hace ver a Rosa que, aunque el padre está enfadado con ella, la sigue queriendo y que el dinero en realidad procede de los cafés y las copas que el anciano fue ahorrando.
Elvira y Fernando discuten. Ella no quiere dar el pésame a la familia del difunto porque siente celos de Carmina. Cuando se encuentran ambas parejas, en la puerta, sus comportamientos están entre el cinismo y las falsas apariencias, el amor fingido.



TERCER ACTO
Pasaron veinte años más. Es la época actual, es decir, años cuarenta. Sigue siendo una casa humilde, pero con algunas mejoras: la ventana del descansillo tiene una vidriera de colores, las paredes están blanqueadas, hay timbres en las viviendas y una placa metálica donde se lee “Quinto piso”. Los vecinos echan de menos un ascensor.
Presenta el tercer acto Paca, anciana de una obesidad enfermiza, fatigada por la vida y la soledad, única superviviente de la primera generación; por su charla se sabe que han muerto su marido Juan y Generosa; solo le queda el consuelo de su nieta.
Las puertas cuarta y primera son ahora la vivienda de dos nuevos convecinos, uno más joven que otro, bien vestidos, pluriempleados, que salen a trabajar a sus oficinas y tienen además otros negocios con los que prosperan. Se quejan de los antiguos vecinos, de rentas bajas, que ocupan los mejores pisos, ideales para montar despachos. Hablan de los nuevos modelos de coches. Representan otra mentalidad y otro modo de vida.
En la tercera puerta, la casa de la señora Paca, viven Urbano y Carmina, están casados (aunque su matrimonio ha sido un fracaso: ella enferma del corazón y cargada de amargura y desilusión; él, paciente, deseando haber encontrado en su mujer el amor de su vida) y tienen una hija de dieciocho años, Carmina, alegre, cariñosa con la abuela, desenvuelta. Con ellos, las hermanas de él, Rosa (que fue abandonada por Pepe y siente la tristeza de no haber sido madre) y Trini, ambas muy unidas, pero fracasadas, dominadas por la pena y la desilusión.
La puerta segunda, es la casa de Elvira y Fernando y sus dos hijos: Fernando, de veintiún años, y Manolín. Este cumple doce años; es zalamero, cariñoso, caprichoso, fuma sus primeros cigarrillos, pícaro; está enamorado de Trini que lo mima como a un hijo.
Las relaciones entre los dos matrimonios son muy tensas.
Carmina hija y Fernado hijo, están enamorados, pero sus padres se oponen a esta relación. A ella la amenazan y le pegan para que no salga con él. Carmina, intimidada, respetuosa y sumisa, no acude a las citas. Fernando, más impetuoso, no teme la autoridad ni el escándalo, se rebela contra la prohibición, cansado de los rencores y prejuicios de los mayores, defiende su amor ante su padre tras haber sido calumniado por su vengativo hermano Manolín, que lo acusa de besarse en el descansillo con Carnina.
Urbano y Fernando se pelean en la escalera por este hecho. Se cruzan los insultos entre las familias: Carmina va a ser comparada con la pasada liviandad de Rosa y a Fernando lo tratan como a un vividor, cazador de dotes. Elvira desprecia públicamente a su marido que baja las escaleras derrotado.


Tras esta situación violenta y penosa, Carmina y Fernando, hijos, corren a abrazarse en el casinillo. La obra termina con la declaración de los jóvenes que quieren luchar por su amor. “Tenemos que ser más fuertes que nuestros padres. Ellos se han dejado vencer por la vida.” “Abandonaremos este nido de rencores y de brutalidad.” Fernando repite las mismas palabras que su padre al final del acto segundo: sueña con trabajar para los dos, ser aparejador, ingeniero, ganar dinero…
Contemplan la escena Carmina, madre, y Fernando padre que cruzan sus miradas “cargadas de una infinita melancolía”.  



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